Miles de estudios independientes de todo el mundo tratan de hacerse un hueco en la industria a base de títulos, que intentan aportar ingredientes que escasean en las mayores producciones, que únicamente buscan ingresos rápidos ante ventas aseguradas. En esta ocasión en IGN España hemos sido bendecidos, decimos esto porque hemos tenido la oportunidad de analizar para todos vosotros un juego que viene de la mano de la desarrolladora Moondrop. Se trata de un estudio pequeño noruego que centra todos sus esfuerzos en hacer juegos que sean intrigantes, emotivos e interesantes. Con esos tres ingredientes nos han deleitado en su última obra, Degrees of Separation.

Degrees of Separation es un juego en se enmarca dentro del género de las plataformas en dos dimensiones cuya principal dinámica para avanzar en la resolución de puzles. Cuenta la historia de amor de dos personajes principales, Ember y Rime, que tratarán de encontrar su camino por separado, pero donde finalmente el reencuentro es inevitable. Una aventura a través de un mundo de contrastes en el que nada es lo que parece, cuyo principal eje es la construcción de la relación en pareja.

La principal arma de Degrees of Separation es la de permitirnos jugar con un amigo cooperativamente a esta aventura. Se buscaban sin conocerse, y se encontraron, así podríamos resumir el juego en una frase. Dos personajes, Ember y Rime, despiertan de repente —cada uno por su lado— y por alguna razón inexplicable, se sienten obligados a salir de casa y echar a caminar con un destino marcado. Es que la esencia radica en cuanto comenzamos la historia y la fuerte identidad de sus personajes. Por un lado Ember vive en un mundo soleado, caluroso, mientras que Rime, es una joven cuya vida transcurre en un mundo gélido donde el frío es el principal protagonista.

La peculiaridad de este título está en que ambos personajes no interactúan de manera directa. Puesto que una barrera invisible les separa. Nuestro objetivo estará en ayudarnos mutuamente para poder sobrevivir cada uno en su mundo. Un viaje con destino incierto, en el que las cosas no siempre son lo que parecen. En el que el camino es más importante que el propio final del viaje, donde importa todo lo que vayamos encontrando, así como los puzles que tenemos que ir desentrañando.

Con unas mecánicas simples y un ritmo que aumenta a medida que vamos avanzando, estamos sin duda ante un juego que sin mucha presión mediática pretende conquistar nuestros corazoncitos y nuestras mentes, ante la dificultad de ciertos acertijos y rompecabezas. Todo esto ocurre siempre que juegues en cooperativo local, es decir con otro compañero a tu lado que maneje al otro personaje. Cuando juegas en solitario resulta todo más complicado.

Los puzles son, indudablemente, la piedra angular del juego, el mundo en sí es un gran rompecabezas y esto termina siendo un arma de doble filo. El nivel de los desafíos así como el diseño va complicándose a medida que avanzamos en la historia, aunque tras varias horas de juego, también acaba volviéndose peligrosamente repetitivo.

Cómo vamos diciendo en el análisis la mayor parte de los puzles usan la premisa de usar el calor de un mundo y el frío del otro para influir en el contrario y así poder modificar el terreno por el que nos movemos. Además de que requiere que pensemos antes de actuar, puesto que no hay segundas oportunidades. El propósito de cada puzle es recopilar cada una de las múltiples bufandas diseminadas por el mapa. Una vez recogidas todas las bufandas se te irá revelando parte de la historia, así como cómo florecen sus sentimientos y cómo reaccionan ante el reino que descubren.

 

No nos vamos a engañar: el juego visualmente es precioso. Los contrastes de tonalidad con un personaje u otro, el ver cómo los escenarios se van modificando a nuestro paso, es un aspecto a tener muy en cuenta. Sea como fuere, la estética del videojuego es verdaderamente bella. Todo esto unido al extremismo detallismo que encontramos en los paisajes, le da al mundo un aspecto vivo y llamativo en cuanto a colores.

El apartado gráfico y artístico no es lo único que destaca Degrees of Separation, puesto que en lo sonoro es auténtica belleza. Y es que a nivel sonoro estamos también ante un título que se nota cuidado hasta el último detalle, siendo destacable la voz que nos narra la aventura, aunque los temas sonoros no se quedan tampoco atrás. En definitiva, Degrees of Separation es un juego que esconde mucho más de lo que podemos apreciar desde el exterior. El fabuloso diseño de los niveles y la profundidad que alcanza su propuesta simétrica es tan resistente como los lazos que unen el destino de Rime y Ember.