Yoshi por fin ha llegado a Nintendo Switch. El dinosaurio favorito de todo Nintendero deja atrás la lana para sumarse a la tendencia de lo artesanal. Yoshi’s Crafted World es uno de los principales lanzamientos de esta primera mitad de año para la híbrida de Nintendo, y lo cierto es que el listón quedó muy alto con Yoshi’s Wooly World. Tendremos que esperar aún hasta su lanzamiento el próximo 29 de marzo, pero hoy os traemos nuestras últimas y definitivas impresiones con la versión final del último título de esta IP de Nintendo.

Y a pesar del paso de estos años se percibe que poco ha cambiado en nuestro querido dinosaurio. Algo positivo, indudablemente, si partimos como punto de partida el final de su última etapa. Algo positivo, de nuevo, si somos conscientes de qué es Yoshi, sabiendo a quien se dirige y que ofrece. Si todos estos puntos quedan claros nadie se llevará sorpresas.

Sorpresas porque Yoshi’s Crafted World es un plataformas clásico, cierto, pero un plataformas desnatado, o azucarado si preferís llamarlo así. No es algo nuevo, ya que las últimas ediciones del dinosaurio de Nintendo ya se han enfocado en ofrecer una jugabilidad accesible, simple, orientada meramente en la diversión. Para aquellos que buscan un punto extra de ácido entre tanta azúcar siempre queda un espacio para coleccionables y retos de diversa índole. Nada de ello ha desaparecido en Yoshi’s Crafted World, pero si se han modificado sus mecánicas jugables para ofrecer unas dinámicas mucho más pulidas. Vamos a ello.

Planteamiento clásico, sin complicaciones. Kamek y Bowser Jr. aparecen de repente para robar a los Yoshis sus preciados cristales. Tras el rifirrafe nadie consigue hacerse con los cristales y estos salen disparados y distribuidos por todo el mapeado. Efectivamente, nuestra misión principal será la de recorrer todo el mundo buscando y recolectando todos los cristales para restaurar el orden, es hora de remangarnos y ponernos manos a la obra.

Con un sistema de niveles nada innovador nos ponemos rumbo a transitar en un mapeado con una estructura clásica y que resultará conocida y confortable para todos los públicos. Los primeros niveles invitan a familiarizarnos con las mecánicas clásicas de Yoshi. Tragarnos a los enemigos convirtiéndolos en huevo y utilizándolos a modo de bala. No olvidarnos de la pataleta de Yoshi para poder rascar esos centímetros tan importantes en cada salto. Punto, no hay más. Pero a partir de aquí empezamos a descubrir nuevas mecánicas intrínsecas a este mundo artesanal e inacabado. Podremos interactuar con muchos elementos del escenario, es más, deberemos interactuar con estos si queremos completar todos los retos propios de cada nivel.

Partiendo de la base primaria de la búsqueda y recolección de las clásicas margaritas, además, deberemos conseguir un número determinado de monedas doradas, otras de color rojo y corazones nos dará acceso a un mayor número de margaritas. Estas nos dan acceso a nuevas zonas del mapeado conforme vamos avanzando en el mapa. Este es quizás el mayor aliciente a la rejugabilidad de Yoshi’s Crafted World, una rejugabilidad conocida y presente en muchos otros juegos de Nintendo, como la última entrega de Donkey Kong que sigue un planteamiento muy similar. Sin embargo, si lo que queremos es simplemente superar los niveles seamos un jugador casual o un joven jugador que se está iniciando en este maravilloso mundo, el juego es amable y prácticamente nos invita entre algodones a recorrer sus niveles con un nivel de dificultad mínimo, rozando lo ofensivo. De nuevo, se intuye como una decisión medida, ofreciendo así un acercamiento ultra azucarado u otro algo más cafeinado para aquellos que quieren un poco de reto en la aventura.

Ya desde el primer nivel se nos brindarán los principales elementos de diseño de niveles que van a servir como ABC para este Yoshi’s Crafted World, pero que podríamos resumir en jugar con la profundidad. El juego presenta un desarrollo de niveles totalmente 2D con escenarios y personajes en 3D. En ciertos momentos de los niveles podremos jugar con la profundidad y movernos en vertical u horizontal para recorrer nuevos caminos que presentaran puzles de simple y fácil resolución ante nosotros. Por ejemplo, hacernos con las piezas de un tren, algo que no supondrá ningún reto y se intuye más como una excusa que como un elemento de diseño. Esta mecánica de profundidad dará pie a situaciones diversas que, aunque aportando frescura, se antojan algo limitadas, como si se hubiesen quedado a medio camino entre una excelente opción o simplemente una buena idea.

Cierto que esta percepción de desaprovechamiento va desapareciendo paulatinamente conforme se presentan mecánicas satélite en niveles singulares del juego. Por ejemplo, pronto en el juego se dará entrada a nuestro querido Poochy, podremos montar en un Yoshi gigante para destruir todo el escenario a nuestro paso en las llamadas Regiones Dinámicas o se nos encargarán misiones específicas para rejugar los niveles y conseguir margaritas adicionales.

Mientras estemos en el mapeado podremos acceder a las máquinas expendedoras de atuendos. Los artesanales atuendos se presentan como los coleccionables principales del juego. En línea con el resto del juego son encantadores y podremos equipárselos a nuestro Yoshi, no solo para protegerlo de los impactos enemigos sino, más importante, para ver lo preciosamente dulce que le queda el atuendo de pez globo o de oveja blanca, una monada.

Y si, Yoshi’s Crafted World incorpora un modo multijugador local cooperativo. La guinda del pastel o el topping de lacasitos del cucurucho de nata ya convierte el juego en un constante de situaciones delirantes y, en muchos casos, caóticamente divertidas. Podremos colgarnos a la espalda de nuestro compañero y disfrutar de un número ilimitado de huevos mientras nos centramos en disparar a todo lo que queramos. Podemos ir por separado, ingerir a nuestro Yoshi compañero y lanzarlo contra los enemigos. O simplemente podemos cooperar en orden y ayudarnos con dobles saltos para llegar a lugar que simplemente no llegaríamos en solitario. El juego se presta a jugarlo en compañía si existe la posibilidad ya que los tempos que estamos viendo en los primeros compases del juego invitan a ello.

Todo el esqueleto que hemos presentado no sería nada sin la dirección artística que viste todo y cada uno de los pixels de esta obra. Obra de arte en fase previa, obra de artesanía en estado puro que define el ADN de la entrega. Todo en Yoshi’s Crafted World luce inacabado, manual, brusco. Por un lado, cortes abruptos, elementos aislados con los que podemos interactuar y modificar el escenario. Por el otro, un sinfín de elementos que conforman una escenografía de hermosa fachada artística, de una calado que invita al jugador a pausarse y machacar el botón de captura de imágenes de constante. Yoshi Crafter World es bellísimo, y lo sabe. Se luce y se recrea en los detalles a sabiendas que es probable que a estas alturas de nivel la pantalla de nuestra Switch ya este llena de nuestras babas.

Como hemos mencionado, deberemos esperar hasta el próximo 29 de marzo para ver si este mundo de cola y recortes acaba “enganchando” como Yoshi se merece.